Estos días con la llegada de El Curiosity a Marte en misión de investigación me he acordado de esta maravillosa película llamada Wall-E. Y pienso cuan solo está El Curiosity en el planeta rojo. Quizás deberíamos enviarle una Eva, quizás todavía estamos a tiempo de enviársela para que no se aburra. O quizás vaya en el futuro a visitarlo en misión de reconocimiento. Sé que tiene mucho trabajo allá arriba; si, pero en todos los trabajos se fuma (es un decir) y para rendir necesitamos motivación. Aparte de compañía y cariño. Que difícil hacer tú trabajo sin nadie que lo aprecie. Además corre el peligro de quedarse varado en otro mundo y convertirse en una especie de Robison Crusoe robótico del espacio.
Esta escena es cuando se conocen. Eeeeevaa, Wall-Eeeeeee. Recuerdo que fui sólo al cine a verla, a la función de las 18 h., y fue una experiencia fantástica. Rodeado de niños con sus madres, creo que era el único adulto en solitario, y bueno, allí dentro nos moríamos de la risa todos juntos, todos entendíamos el mismo idioma, impagable momentos de diversión conjunta en el que durante 90 minutos nos igualamos las edades.
