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jueves, 29 de noviembre de 2012

¡Pez Fugu!


“El sushi puede ser un manjar exquisito”. Así le dijo Lisa a su padre, Homer Simpson, intentando convencerlo para que renunciara a su típico viernes noche de chuletas de cerdo. Finalmente lo logró y toda la familia se fue a cenar a un restaurante japonés. Sorprendentemente, Homer no solo descubrió que le gustaba el sushi, sino que una de sus variedades le fascinaba especialmente: el Fugu. También conocido como pez globo (un género), es venenoso y puede ser mortal si no se prepara correctamente. Claro que el conocimiento de Homer por la cultura japonesa no es muy profunda que digamos. Nos preguntamos si hubiese reprimido su apetito voraz de conocer ese pequeño e importante detalle. El caso es  que se atiborró hasta que no pudo más. Solo al final los trabajadores del restaurante le dijeron que podría estar herido de muerte ya que el pescado no lo había preparado el cocinero mayor, sino su aprendiz. Homer, visiblemente molesto,  dijo que nunca había oído hablar de una chuleta de cerdo venenosa, y se dirigió al hospital, donde el doctor Hibbert le explicó que si era cierto lo que le contaba, le quedarían 24 horas de vida (22 horas concretamente, porque le hizo perder bastante tiempo). Homer se lo acabó tomando con resignación y preparó un decálogo con las cosas que le gustaría hacer antes de morir: plantar un árbol, enseñar a Bart a afeitarse, escuchar a Lisa tocar el saxofón, echar la última cerveza en el bar de Moe con los amigos, insultar al jefe…

lunes, 29 de octubre de 2012

El maravilloso mundo del cómic: Persépolis

Un periódico de tirada nacional lanzó una colección de tebeos tan interesante que los quise conseguir todos: en entregas periódicas, cada viernes y sábado, hasta conformar un total de 35 números presentados  en  magníficos álbumes de tapa dura de 21 cm. de ancho por 29 cm. de alto. La lista era de lo más histórica y selecta: Axterix y Obelix,  Lucky Luke, Mafalda, Garfield,  The Spirit, El Corto Maltés, El Zorro, Hellboy, Capitán Trueno, Blueberry... Los quería todos, si, pero la misión no era tan sencilla. En mi isla, cuanto más interesante es una colección, más misteriosamente se esfuma. 

En ocasiones recurrí a la guía telefónica, peinando las librerías, llamando una por una, y preguntando, con el corazón en un puño,  mientras las posibilidades se agotaban: "¿Tiene el álbum que hoy venía con...? ¿Si? ¡No me lo venda que voy para allá ahora mismo!". Eso dio pie a que más de una vez acabase en librerías  a más de 30, 40 y 50 Km. de mi casa, persiguiendo el cáliz sagrado. Finalmente lo logré. ¡No me faltaba ningún número! Miraba con deleite y orgullo los 35 tomos que había colocado en riguroso orden en una de mis estanterías, mientras recordaba todas las alegrías que los comics me habían dado. Era mi homenaje al niño que ya no estaba visible pero permanecía alojado en el interior y que también reclamaba su alimento. Los tebeos siempre fueron una de sus debilidades. Galletas con colores y dibujos listas para engullir, crecer y sonreír.